Calvario: la celebración de la Virgen de los Dolores da comienzo a la Semana Santa

La mañana del viernes 8 de abril, en el altar de la Dolorosa situado en el Calvario, tuvo lugar la ritual misa de la Virgen de los Dolores, liturgia que introduce la Semana Santa.

Los frailes, encabezados por el vicario de la Custodia, fray Dobromir Jasztal, se dirigieron en procesión a la basílica del Santo Sepulcro y celebraron la misa solemne en el Calvario, que se encuentra dentro de los muros perimetrales de la iglesia. Precisamente en este sitio se encuentra un altar donde está situada la venerada imagen de la Virgen de los Dolores, que se caracteriza por la presencia de una espada clavada a la altura del corazón. Según la tradición, este sería el lugar donde se cumplió la profecía hecha por Simeón el Viejo a María.

De hecho, la representación de la Virgen traspasada por una espada en el pecho está ligada a un pasaje del evangelio de Lucas donde Simeón, un anciano a quien el Espíritu Santo había anunciado que vería al Mesías, pronuncia estas palabras a María: “y a ti misma una espada te traspasará el alma” (Lc 2, 35).

El título de la celebración, también llamada “Nuestra Señora de los Siete Dolores”, alude a los sufrimientos padecidos por la Madre del Señor durante su vida, tal como recogen los textos evangélicos: la profecía de Simeón sobre el Niño Jesús (Lc 2, 34-35); la huida de la Sagrada Familia a Egipto (Mt 2, 13-21); Jesús perdido durante tres días en el templo (Lc 2, 41-51); el encuentro entre María y Jesús en el Vía Crucis (Lc, 23, 27-31); María contempla el sufrimiento y la muerte de Jesús en la Cruz (Jn, 19, 25-27); María acoge en sus brazos al hijo muerto, descendido de la cruz (Mt, 27, 57-59); María abandona el cuerpo de su Hijo en el Sepulcro (Jn, 19, 40-42).

Fray Dobromir presidió la misa, de acuerdo con el Status Quo que indica que el vicario custodial es el celebrante designado para esta festividad. Aquí, en el Calvario, el franciscano reflexionó sobre el sufrimiento que puede producir la fidelidad a Dios, el mismo que llevó al Señor a experimentar el dolor y el sacrificio. Un sufrimiento que también conoció perfectamente su madre María, junto a su hijo Jesús durante la Pasión: “la primera persona que se asocia a Cristo en el camino de la obediencia, de la fe probada y del dolor compartido es María, que es luz para iluminar la oscuridad, pero también signo de contradicción. De hecho, ella misma deberá ser traspasada por la espada del dolor en su alma inmaculada, mostrando así que su papel en la historia de la salvación no se limita al misterio de la encarnación, sino que se completa con la participación amorosa y dolorosa en la muerte y resurrección de su hijo”.

Frente la imagen de la Virgen de los Dolores, el predicador insistió en la función que el sufrimiento desempeñó en la vida de la Madre del Señor: “con el sufrimiento, Dios fortaleció el corazón humilde y fiel de María para que se convirtiera en refugio e inspiración para los apóstoles atemorizados, para los primeros cristianos en tiempos de persecución y para cada generación de la Iglesia en marcha en las dificultades cotidianas”.

Fray Dobromir finalmente reiteró que, al igual que para María, también para nosotros el dolor, unido a la cruz de Cristo, “puede fortalecer nuestra fe y nuestro valor, haciéndonos testigos de su reino de justicia y paz para todos”.

Además de esta fecha, el calendario gregoriano incluye otra festividad dedicada a la Virgen Dolorosa. Después del Concilio Vaticano II, sin embargo, se decidió mantener únicamente una, la del 15 de septiembre, que conmemora a la beata Maria Virgo Perdolens. En Jerusalén, sin embargo, la tradicional fiesta de Nuestra Señora de los Siete Dolores todavía se celebra todos los años, el viernes anterior al Domingo de Ramos.

 

Filippo De Grazia