Corpus Christi: la irrupción de la vida eterna en la nuestra

El jueves después del domingo de la Santísima Trinidad, la Iglesia celebra la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, conocida también como Corpus Christi. Esta fiesta recuerda inevitablemente el Jueves Santo, cuando se instituyó la Eucaristía. En Jerusalén, las celebraciones comenzaron ya el miércoles con el tradicional ingreso del Patriarca Latino en la basílica del Santo Sepulcro, seguido de las vísperas y la procesión alrededor del edículo de la resurrección.

Este año, la movilidad en las procesiones dentro de la basílica del Santo Sepulcro ha sufrido una reducción inevitable debido a las obras de restauración que están afectando al suelo de todo el templo. En consecuencia, también se resintió ligeramente la participación, con unaligera disminución de la presencia de religiosos y fieles en las liturgias, generalmente muy concurridas.

La noche entre miércoles y jueves se entró en el corazón de esta fiesta con el oficio de la Vigilia: ante es sepulcro vacío, el Custodio de Tierra Santa, fray Francesco Patton presidió el oficio, que se abrió con las palabras del salmo 66: “Adoremos a Cristo, el Señor, pan de vida“.  En efecto, en esta solemnidadse celebra el único alimento que sacia, que da la verdadera vida y que se manifiesta de manera visible en el misterio eucarístico.  Las palabras de Santo Tomás, que se proclaman durante el oficio, exaltan la dulzura de este sacramento: “La Eucaristía es el memorial de la pasión, el cumplimiento de la Antigua Alianza, la mayor de todas las maravillas realizadas por Cristo, el admirable documento de su inmenso amor por los hombres”.

A la mañana siguiente, tras el ingreso y los laudes matinales en el Santo Sepulcro, el Patriarca Latino de Jerusalén, S.B. Pierbattista Pizzaballa, celebró la santa misa solemne y la procesión del Santísimo Sacramento. En la basílica del Santo Sepulcro, la liturgia de este día se articula en varios momentos: los laudes de la mañana y la misa solemne ante la tumba vacía, la procesión en la zona de la Anástasis y de la piedra de la unción y, una vez terminada la celebración, el rezo del Magnificat en el altar de Santa María Magdalena.

“La celebración de esta solemnidad, cada año aquí en el Santo Sepulcro, nos devuelve al corazón de la misión de la Iglesia y de la vida sacerdotal de cada uno de nosotros”, comenzó el Patriarca en su homilía. “Con la fiesta de hoy, la Iglesia nos recuerda una gran verdad, que no debemos olvidar nunca y que es el centro de nuestra misión: sin Jesús, el mundo siempre tendrá hambre, porque Él es el verdadero y único sustento”. Un sustento, añadió el prelado, que se puede vivir a través del don inefable de la Eucaristía, en la que se celebra “su presencia entre nosotros, el don de Su vida, Su muerte y resurrección. En la Eucaristía encontramos la irrupción de la vida eterna en la nuestra. Tenemos la respuesta alhambreauténtica y profunda del hombre. Y solo esa respuesta podrá sostener con fuerza, constancia y coraje nuestra acción por la justicia, la paz y el derecho de todo hombre a una vida digna, que esté a la altura de su vocación de persona creada a imagen y semejanza de Dios”. Mediante esta declinación del misterio eucarístico en la vida cotidiana, el arzobispo añadió: “la vida de nuestra Iglesia debe centrarse siempre en el misterio eucarístico, tanto en la celebración del propio misterio como en la vida cotidiana, haciéndose cercana a cada persona. Debe convertirse continuamente en don de sí misma para la vida del mundo”.

Al final de la misa, el Patriarca encabezó la procesión ritual llevando en sus manos la custodia que contenía el Santísimo Sacramento y dando tres vueltas simbólicas alrededor del sepulcro vacío, centro del misterio y la gloria de la resurrección.

La procesión finalizó con la entrada de la Sagrada Eucaristía en el interior del sepulcro. A continuación, frente a la capilla contigua de Santa María Magdalena, se entonó el Magnificat.

El domingo 19 de junio, la solemnidad del Corpus Christi se celebrará en muchos países del mundo y por los franciscanos de Tierra Santa en el convento de San Francisco en el Cenáculo, cerca del santo lugar donde el mismo Señor, durante la cena de Pascua con los apóstoles, instituyó la Eucaristía. La celebración será presidida por el Custodio de Tierra Santa.

 

Filippo De Grazia