Diez ordenaciones sacerdotales en Jerusalén: “Da a tus hijos la dignidad del presbiterado”

Elegir emprender un camino de vida radical e irreversible nunca es fácil, como tampoco escuchar y reconocer la propia vocación. Lo saben los novios antes de pronunciar su “sí” matrimonial, al igual que los aspirantes a sacerdotes durante su recorrido hacia la ordenación. Esta elección, unida a la espera del gran día, fue vivida en Jerusalén por diez frailes franciscanos que el miércoles 29 de junio, con motivo de la fiesta de San Pedro y San Pablo, completaron su camino hasta el sacerdocio en la iglesia del convento de San Salvador.

“Queridos amigos, ahora que habéis finalizado los estudios y por fin estáis a punto de convertiros en sacerdotes, no penséis que vuestro viaje ha terminado, que habéis llegado a la meta. Al contrario, ahora comienza”, advirtió el Patriarca latino de Jerusalén, S.B. Pierbattista Pizzaballa, durante la homilía de la misa solemne que presidió.

De hecho, se trata de una etapa importante y fundamental en la vida de estos diez nuevos sacerdotes, pero no un punto de llegada. Conscientes y llenos de alegría por haber recibido la dignidad del presbiterado mediante la imposición de manos del obispo, los nuevos sacerdotes expresaron todo su entusiasmo inmediatamente después de la ceremonia, a la que asistieron frailes, familiares y amigos venidos de todo el mundo. “En los días previos a la ordenación, la intensa emoción me ha quitado el sueño” decía fray Francisco Martín Casillas ofm, uno de los frailes mejicanos ordenados en San Salvador.

De los diez que recibieron la ordenación sacerdotal, tres proceden de México, seis de África (República Centroafricana y República Democrática del Gongo) y uno de Italia. De ellos, solo dos están incardinados en la Custodia: fray Marco Antonio María Uras y fray Pascal Shokwe Kamfwa”.

Como casi todos están destinados a dejar la Custodia y regresar a sus países, estos frailes tendrán el honor de llevar consigo el recuerdo de esta tierra y dar a conocer la Tierra Santa tras los años de estudio y la vida que han pasado en los lugares de Cristo. “Esta tierra también es llamada el quinto evangelio, porque narra la vida de Jesús a través de los lugares en los que Él mismo actuó. Mi misión continuará en otro lugar, pero esta experiencia personal en Tierra Santa seguirá enriqueciendo mi labor de evangelización dondequiera que sea llamado a servir”, afirmó fray Juan Carlos Pérez Martín.

Una responsabilidad que también es vivida como una oportunidad por los que vienen de una realidad donde la Tierra Santa es poco conocida: “En mi país, los cristianos aún no conocen bien la Tierra Santa, para mí es una suerte estar aquí y haber vivido en este lugar. Ahora estoy llamado a llevarles esta riqueza, esperando que en el futuro haya peregrinos también de mi país”, decía fray Fabien Yambere Moudingbelta, de la República Centroafricana, que añadió: “Este lugar ayuda a aumentar la fe de los cristianos del mundo, a mí me ha ayudado muchísimo. A través de la investigación y la profundización arqueológicas he descubierto los lugares donde ocurrió realmente todo lo que estudiamos en la Biblia. Esto será, sin duda, una base para mi predicación, una vez que vuelva a casa”.

El reto que espera a estos diez nuevos sacerdotes tendrá que ver sobre todo con la íntima y personal relación que mantendrán en el tiempo con Cristo; una relación que será fundamental para el éxito de la obra de evangelización llamada a expresarse en el pueblo que les sea encomendado: “la gente querrá sobre todo ver en vosotros si Jesús es o no vuestra razón de vivir” dijo el arzobispo Pizzaballa durante la homilía. “Si la pregunta sobre Jesús va esculpiendo y configurando poco a poco vuestra identidad sacerdotal, entonces vuestra relación con la gente que encontréis adquirirá también la misma dinámica de escucha y formación. Vuestra relación con Jesús no es solo una cuestión personal entre vosotros y Él. Pasa, inevitablemente, a través de la Iglesia. La Iglesia es el lugar donde el encuentro con el Señor se hace real, concreto y visible. Los sacramentos que celebraréis, junto con la Palabra que proclamaréis y vuestro testimonio de vida, serán el alimento de vuestras comunidades. Pero también la relación de obediencia con vuestros superiores, con los obispos, con Pedro, construye vuestra relación con Jesús. No se puede decir “sí” a Cristo sin decir “sí” a la Iglesia. El ministerio que estáis a punto de recibir no será vuestro, sino que pertenece a la Iglesia, que os lo confía. La Iglesia hoy se entrega a vuestras manos y se encomienda a vosotros para continuar la obra de la Redención en el mundo.  Sed conscientes del precioso don que habéis recibido hoy”.

Al final de la misa, el Custodio de Tierra Santa, fray Francesco Patton, dio las gracias y animó paternalmente a los frailes recién ordenados, insistiendo en la dignidad y el significado del sacerdocio. “Hermanos sacerdotes, recordad siempre vuestra dignidad. Os han ungido las manos, muchos os las han besado, pero recordad que esas manos no servirán solo para celebrar la misa o para absolver, deberán seguir sirviendo también para trabajar, deberán seguir sirviendo a los hermanos. Por tanto, reconoced esta dignidad, cuidadla, guardadla, pero que sea siempre una dignidad humilde. ¡Muchas felicidades!”.

Recibieron la ordenación sacerdotal diez frailes menores: fray Venence Mukadi Kamutambayi, fray Fabien Yambere Moudingbelta, fray Théodore Kabongo Mbamba, fray Marco Antonio Maira Uras, fray Juan Carlos Pérez Martin, fray Gonzalez, fray Francisco Martin Casillas, fray Pascal Shokwe Kamfwa, fray Jaques Omari Ilunga y fray Fabrice Ntsiba.

 

Filippo De Grazia