La capilla de los Francos y la memoria de María Dolorosa

The access to the Chapel of the Franks, also called the Chapel of the Torment, Chapel of the Seven Sorrows of the Blessed Virgin Mary or Our Lady Sorrows
The access to the Chapel of the Franks, also called the Chapel of the Torment, Chapel of the Seven Sorrows of the Blessed Virgin Mary or Our Lady Sorrows

Fray Virgilio Corbo, uno de los arqueólogos más importantes de Tierra Santa, escribió que “la espléndida fachada del Santo Sepulcro es una de las obras más bellas de la arquitectura cruzada que se conservan en Tierra Santa”. Lo que hace aún más especial la entrada a la basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén es, sin duda, la capilla de los Francos, joya encastrada junto al Calvario, al que está indisolublemente unida.

Olvidada por los visitantes de la basílica, la historia de este pequeño espacio, elevado sobre la plaza, narra las vicisitudes de la basílica a lo largo de los siglos.

La construcción data del siglo XI, cuando los Cruzados decidieron añadir una nueva entrada al Calvario para agilizar la afluencia de peregrinos al monte la crucifixión. La escalinata de catorce escalones en el lado del portal terminada en una galería abierta, en la que se colocaban los guardianes encargados de dirigir el ingreso de los visitantes en el Calvario, accesible a través de una portezuela decorada con columnas, capiteles esculpidos finamente tallados y con una rica decoración sobre el arquitrabe y el ventanal superior.

«Cuando en 1187 Jerusalén fue reconquistada por Saladino, once de las doce puertas de la basílica fueron tapiadas – explica fray Stéphane Milovitch, actual presidente del Santo Sepulcro –, y también este vestíbulo cruzado fue cerrado por tres lados. Estaba clara la voluntad del sultán de controlar y gestionar el acceso al Sepulcro a través de la única puerta que permaneció abierta a la plaza, cuyas llaves, aún hoy, están en manos de una familia musulmana que heredó esta prerrogativa».

La galería, una vez perdida su función original de paso, terminó adquiriendo un nuevo uso y, en un intento de atribuir los hechos evangélicos de la Pasión de Cristo a lugares precisos, poco a poco se llegó a su actual función de capilla dedicada a la Madre Dolorosa, en memoria de la agonía de María bajo la cruz. Por este motivo la capilla se llamó “Capilla del Espasmo (o Tormento)” o “de la Bienaventurada Virgen María Dolorosa” o “de los Siete Dolores de María Santísima” (el título de “Capilla de los Francos” es más reciente y procede de la costumbre de las demás comunidades residentes en el Sepulcro de llamar a los franciscanos con el apelativo de “religiosos francos”).

En 1635 la Custodia de Tierra Santa obtuvo el “rescate” de la capilla y el lugar, que quedaba físicamente fuera de la basílica, fue confiado a los frailes del convento de San Salvador. Los nuevos derechos adquiridos fueron descritos con gran precisión por Bernardino Surio, presidente del Santo Sepulcro, que en 1666 recordaba: “Nuestros religiosos del convento de San Salvador vienen todos los días a celebrar aquí la santa misa. Solo ellos tienen la llave y mantienen aquí una lámpara encendida”. Con los años, fue considerado un lugar privilegiado para los peregrinos porque a través de la ventana podían ver el lugar de la crucifixión y conseguir los beneficios que otorgaba la indulgencia, ahorrándose la tasa que entonces pedían los porteros para abrir la puerta de la basílica.

Todavía hoy, la capilla es oficiada por los frailes de San Salvador y es costumbre que las llaves se encomienden específicamente al secretario de la Custodia de Tierra Santa. «Verdaderamente es una gracia inmensa celebrar la misa en esta pequeña capilla, que es un lugar de oración donde es posible encontrar un recogimiento muy íntimo, a pocos metros de la roca del Calvario, sobre todo en los periodos de mayor afluencia de peregrinos a la basílica» – afirma fray Alberto Joan Pari, actual secretario de la Custodia de Tierra Santa –. «Las obras de restauración de 2014 han devuelto su esplendor a las obras de arte que contiene, como los capiteles cruzados, obras maestras de escultura, el pavimento de mármol policromado de estilo cosmatesco y la decoración musiva original que recubre el arco de acceso al Calvario».

El altar de madera dorada del siglo XVIII, obra de fray Giuseppe de San Francisco, escultor portugués, está dominado por dos “putti” alados que sostienen el letrero QUAE HIC STABAT DOLOROSA, ECCE MATER TUA AMOROSA. Las palabras se refieren al tema del Stabat Mater y la iconografía del dolor de la Virgen por la muerte de Cristo se repite en el retablo realizado en el siglo XIX, en el que María, Juan y María Magdalena vuelven su mirada hacia el lugar de la crucifixión.

En la actualidad, la procesión diaria – que los frailes de la Custodia realizan sin interrupción desde el siglo XIV en el interior de la basílica – hace una parada en recuerdo de María Dolorosa junto al altar de los latinos, donde se encuentra la imagen en madera de la Santísima Virgen María, donada en 1778 por María Pía, reina de Portugal. Sin embargo, la capilla de los Francos sigue siendo hoy un lugar especial y único, testimonio secular de la gran devoción al lugar de la muerte de Jesús y del dolor de María bajo la cruz.

 

Silvia Giuliano