Lunes Santo en Betania: el aroma difusor del bien

Introducido en la gran semana de las liturgias pascuales desde el Domingo de Ramos, la primera cita de la Semana Santa está representada por la celebración de la bendición de los oleos, de los aromas y el nardo en la iglesia de San Lázaro de Betania, el Lunes Santo.  La ciudad, memoria de uno de los milagros más famosos realizados por Jesús, la resurrección de Lázaro, es célebre por ser también el lugar donde, según el Evangelio de Juan, tuvo lugar el episodio del derramamiento, por parte de María de Betania, de una libra de aceite perfumado de auténtico nardo, “muy valioso”, sobre los pies de Jesús; María, amiga del Señor y hermana de Marta y Lázaro, después le enjugó los pies con sus cabello, llenando toda la casa del perfume del ungüento.  Esto ocurrió “seis días antes de la Pascua” (Jn, 12, 1).

Durante la celebración, presidida por el Custodio de Tierra Santa, fray Francesco Patton, se bendijeron los oleos perfumados que se usarán durante el Viernes Santo en las parroquias de Jerusalén y en el Santo Sepulcro, con motivo de la tradicional procesión funeraria que conmemora tres acontecimientos: el perfume vertido por María de Betania sobre Jesús vivo, el homenaje rendido a Jesús muerto por parte de José de Arimatea y Nicodemo, y la intención de las tres mujeres que llevaron los aromas al sepulcro vacío, después de la resurrección.

En su comentario al evangelio, el Custodio insistió en el valor de la gratuidad que recuerda el gesto de María hacia el Señor, expresión de un amor que, como el perfume del ungüento, tiende a esparcirse por todas partes. Un gesto de amor que trasciende la lógica y los cálculos de quien cree tener “una caja registradora en lugar de corazón” y no es capaz de “comprender la lógica del amor, que es esencialmente don y gratuidad y, por eso mismo, al menos en parte, despilfarro”.

Eso que a Judas Iscariote le pareció un derroche, es decir, los “trescientos gramos de perfume de nardo puro”, es en realidad un gesto de inmenso valor para Cristo, que en la cruz “derrochará toda su persona para perfumar nuestros pies, es decir, para reconciliarnos con el Padre, salvarnos, introducirnos en la vida divina y mostrarnos lo que significa amar”.

El ejemplo de María de Betania, por tanto, expresa perfectamente la lógica del amor gratuito, esencia de la vida cristiana; con ese signo, ella “reconoce y profetiza el valor infinito del gesto de amor que Jesús realizará al entregarse enteramente a nosotros”.

Pero, ¿qué significa para nosotros hoy celebrar este gesto? “Significa asumir la lógica divina del bien que se extiende sin hacer ruido”, respondió fray Patton. “Si elegimos hacer el bien lo haremos silenciosamente y lo haremos gratuitamente. Quien hace el bien no hace ruido y no quiere aparentar porque el bien es simple y no hace ruido: cuidar de las personas, ya sean pequeños o pobres, emigrantes y refugiados, o ancianos y enfermos, es algo que no hace ruido.  El bien es como el grano que crece en los campos en silencio, y luego alimenta y da vida”.

Asistieron al acto un gran número de religiosas y religiosos y un grupo de fieles locales. Al final de la celebración la asamblea se reunió para compartir la cena en los locales parroquiales.

El santuario actual es obra del reconocido arquitecto italiano Antonio Barluzzi, a quien la Custodia de Tierra Santa encargó la construcción a principios de los años 50.  La elección de este lugar para construir la iglesia dependía de la presencia de restos de edificios sagrados dedicados a Lázaro. En su estructura, Barluzzi quiso expresar el contraste, manifestado en la arquitectura del santuario, entre la oscuridad del sueño eterno y la luz de la vida, despertando en el visitante, a través de las líneas y colores, la “tristeza de la muerte y la alegría de la resurrección”.

 

Filippo De Grazia